Las instituciones religiosas están empezando a distinguir entre varios usos de la inteligencia artificial: recuperar información, preparar borradores, contribuir a formular juicios, intervenir en actos religiosos y hablar con autoridad institucional.
Este ensayo compara cuatro contextos documentados: una declaración papal sobre la preparación de homilías; encuestas a pastores protestantes de Estados Unidos; resoluciones suníes y flujos supervisados de elaboración de fetuas en Egipto y Dubái; y un responsum del judaísmo conservador sobre agentes artificiales y obligación ritual.
Estas fuentes no son equivalentes. Una respuesta papal, una encuesta, una fetua, una descripción administrativa y un responsum aprobado por un comité poseen formas y grados de autoridad distintos. Tampoco representan en su totalidad al catolicismo, al protestantismo, al islam suní ni al judaísmo conservador.
La comparación sostiene una afirmación más limitada: en estos casos, instituciones y profesionales permiten algunas formas de asistencia de IA, pero reservan la autoría, el juicio responsable, la obligación sagrada o la autoridad final a actores humanos.
La pregunta central es:
¿Qué partes de un acto religioso pueden delegarse sin cambiar quién responde por él ni de dónde procede su autoridad?
Asistencia, autoría y autoridad
La discusión pública suele presentar el uso religioso de la IA como una elección binaria: una comunidad la acepta o la rechaza. El registro documental es más granular.
Una máquina puede recuperar un texto, buscar en un corpus, resumir comentarios, traducir un pasaje, proponer un esquema, producir un borrador, revisar un argumento, pronunciar las palabras resultantes, responder una pregunta religiosa o emitir lo que parece un juicio.
Cada paso aumenta la participación de la máquina, pero el significado depende del acto. Las instituciones no preguntan solo si la IA es exacta, sino si el carácter religioso de un acto deriva de su resultado informativo o de la actuación humana responsable que lo produce.
Si solo importa una respuesta correcta, la máquina puede evaluarse como instrumento de recuperación y síntesis. Pero algunos actos dependen también de la identidad, intención, obligación, experiencia u oficio del actor. En esos casos, una secuencia idéntica de palabras puede no constituir una actuación equivalente.
El púlpito: preparación o sustitución
El registro vaticano ofrece la formulación personal más clara. León XIV no se limitó a objetar que una IA pronunciara una homilía en lugar de un sacerdote; advirtió contra usarla para prepararla. Su razonamiento unió capacidad y participación.
Un sacerdote que delega el trabajo intelectual arriesga el deterioro de su propia inteligencia. Y la congregación no recibe solo un texto: encuentra la fe, la experiencia y el conocimiento del sacerdote sobre esa comunidad. La preparación forma al predicador antes de informar el sermón; eliminarla puede cambiar el acto aun cuando la prosa final parezca plausible. [1]
Esta posición convive con una práctica mucho menos categórica entre pastores protestantes de Estados Unidos. Una encuesta de Barna Group a 442 pastores, realizada en diciembre de 2025, encontró que el 87 % utilizaba IA de algún modo: el 50 % para generar ideas, el 36 % para investigación bíblica o teológica y el 24 % para escribir o editar sermones. Al mismo tiempo, el 71 % se declaraba cauteloso y el 63 % temía que la IA sustituyera a pastores o líderes espirituales. [9]
Estas cifras no establecen doctrina protestante ni muestran cuánto revisó cada pastor el material. Documentan un límite profesional todavía inestable.
La diferencia entre preparación y autoría ya aparecía en la encuesta de enero de 2024 a 278 pastores principales: el 43 % aceptaba asistencia para preparación e investigación, frente al 12 % que aceptaba que la IA escribiera sermones. Como la encuesta posterior midió uso y no comodidad, no forman una serie temporal limpia, pero ambas sitúan investigación y autoría en lados distintos del límite. [8]
El registro papal y las encuestas no representan dos campos doctrinales. Uno articula un límite desde un oficio eclesial personal; el otro revela un límite emergente en una población profesional descentralizada.
Fatwa: el mismo techo, distintos peldaños inferiores
El contraste entre Dar al-Ifta de Egipto y el Departamento de Asuntos Islámicos y Actividades Benéficas de Dubái es institucionalmente más preciso.
Una fatwa es una opinión jurídico-religiosa emitida por un erudito cualificado, un muftí. Su autoridad no consiste solo en recuperar textos: depende de formación, método y comprensión de las circunstancias.
En diciembre de 2025, Dar al-Ifta declaró que la tecnología de IA es permisible en principio, pero que no es lícito confiar en las aplicaciones actuales como fuentes de fatwa. Carecen de formación erudita, fundamento metodológico y juicio contextual. Una fatwa puede variar con el tiempo, el lugar, las costumbres y la situación concreta del consultante; una aplicación puede producir respuestas correctas, incorrectas o contradictorias sin la flexibilidad humana necesaria. [3]
Dubái adoptó otro modelo sin entregar el juicio final a la máquina. IACAD lanzó en 2019 un servicio público Virtual Ifta, y en marzo de 2026 describió un sistema interno cerrado aplicado a fatwas previas y fuentes jurídicas aprobadas. El sistema puede generar respuestas o borradores; muftíes formados los revisan, supervisores especializados realizan otra revisión y los asuntos complejos se remiten al estudio colectivo de muftíes humanos. [4] [5]
Las dos instituciones no responden a una pregunta idéntica. Dar al-Ifta trata al público que obtiene dictámenes de aplicaciones generales; IACAD describe una herramienta interna sobre fuentes controladas y varias etapas de revisión humana.
La primera rechaza a la IA como fuente pública independiente; la segunda permite recuperación y redacción dentro de una institución humana acreditada. Comparten un techo: la máquina no se convierte en autoridad religiosa final. Difieren en cuánta delegación permiten debajo de ese nivel.
También difieren los instrumentos: Dar al-Ifta declara el límite mediante razonamiento jurídico en una fatwa; IACAD lo incorpora a un procedimiento administrativo.
Ritual: la asistencia intermedia como doctrina
Un responsum judío conservador de 2019 ofrece la formulación explícita más clara del gradiente. El texto de Daniel Nevins, aprobado por 18–0–0 por el Committee on Jewish Law and Standards, examina agencia mecánica, responsabilidad, decisiones vitales y si un agente artificial puede cumplir una mitzvá. [6]
Distingue entre una tarea intermedia y el acto sagrado. Un robot puede recuperar o colocar un objeto ritual, transportarlo o prepararlo, pero el ritual debe realizarlo la persona obligada. Lo mismo se aplica a visitar enfermos, consolar dolientes y ayudar a pobres: la máquina puede asistir, pero un humano debe iniciar y completar el acto.
Los agentes artificiales pueden facilitar mitzvot sin convertirse por ello en participantes humanos del pacto. Pueden estar en la cadena causal, reducir una dificultad física o transportar el objeto; no pueden convertirse en la persona religiosamente responsable. [6]
La Rabbinical Assembly describe los responsa aprobados como posiciones oficiales del movimiento conservador, pero mantiene que los rabinos locales deciden la práctica de sus comunidades. El instrumento tiene autoridad reconocida sin ser una orden universal autoejecutable. [7]
Lo que revelan los instrumentos
Las tradiciones no solo colocan sus límites en puntos distintos; ejercen autoridad mediante instrumentos diferentes. El Vaticano conserva una respuesta papal pastoral, no una prohibición canónica. Dar al-Ifta utiliza una fatwa formal. IACAD codifica el límite en arquitectura administrativa. El responsum conservador razona mediante analogía jurídica y obligación ritual, con aprobación de comité y decisión rabínica local. Las encuestas de Barna no ejercen autoridad religiosa: muestran cómo se negocia en una población descentralizada.
El instrumento no revela toda la naturaleza de la autoridad de una tradición; muestra cómo se ejerce en una controversia. Una encuesta no legisla como una fatwa, un flujo no demuestra consenso teológico y una respuesta papal no se convierte automáticamente en norma canónica. Pero cada documento registra un límite.
El trabajo dentro del acto
El caso de la homilía plantea una pregunta común: ¿cuándo el trabajo humano es meramente instrumental y cuándo forma parte del significado del acto?
León XIV ha situado su preocupación por la IA en la tradición social católica del trabajo. En mayo de 2025, al explicar su nombre papal, invocó la Rerum Novarum de León XIII y describió la IA como otra transformación industrial que plantea retos para dignidad, justicia y trabajo. [2]
Leído en ese contexto —interpretación editorial, no argumento explícito de León en el diálogo de febrero—, automatizar la preparación de una homilía no equivale a sustituir un paso neutral si esa preparación forma al hablante responsable y contribuye al significado religioso del producto.
Lo mismo ocurre con el muftí, cuyo trabajo incluye método, fuente, circunstancia y conocimiento del consultante; con la persona obligada a una mitzvá, cuya iniciación y conclusión importan; y con el límite pastoral entre tareas administrativas o investigativas y funciones relacionales o espirituales.
La cuestión no es simple resistencia a la automatización. Es si la máquina permanece como herramienta dentro de un acto humano responsable o ocupa la posición desde la que la tradición se interpreta, realiza o pronuncia.
Qué establecen los casos
Los documentos examinados no establecen una posición religiosa única sobre la inteligencia artificial.
Muestran varias distinciones recurrentes. La recuperación de información se trata de forma distinta al juicio. La redacción se distingue de la autorización. La ayuda material se distingue del cumplimiento de una obligación. Un resultado utilizable no equivale automáticamente a un acto religioso realizado bajo responsabilidad.
Los casos también difieren de manera sustancial. Las observaciones de León XIV se refieren a la formación sacerdotal y la predicación. Las encuestas de Barna describen prácticas y actitudes declaradas, no doctrina. Dar al-Ifta aborda la confianza pública en sistemas generales de IA, mientras que IACAD describe un flujo institucional supervisado. El responsum conservador trata de responsabilidad jurídica y práctica ritual.
El elemento común es, por tanto, limitado pero significativo: la IA puede participar en la producción o el apoyo de actividad religiosa sin adquirir el cargo, la obligación, la formación o la responsabilidad de los que deriva la autoridad religiosa.
Esta conclusión no debe ampliarse hasta convertirla en una predicción de ruptura institucional ni en una afirmación sobre tradiciones enteras. Es una comparación de cuatro contextos documentados y de los distintos límites que imponen a la delegación.
Referencias
- Leo XIV. “Meeting with the Clergy of the Diocese of Rome.” Holy See, 19 February 2026. Registro oficial.
- Leo XIV. “Address to the College of Cardinals.” Holy See, 10 May 2025. Registro oficial.
- Egypt’s Dar al-Ifta. “Using AI Applications to Obtain Fatwas.” 2 December 2025. Dictamen oficial.
- Islamic Affairs and Charitable Activities Department, Dubai. “Launching the Project of the Fatwas by 10X.” Event held 29–31 October 2019. Registro oficial del evento.
- Islamic Affairs and Charitable Activities Department, Dubai. “Artificial Intelligence Supports the Fatwa System in Dubai.” 7 March 2026. Relato institucional oficial.
- Nevins, Daniel. “Halakhic Responses to Artificial Intelligence and Autonomous Machines.” CJLS HM 182.1.2019, approved 19 June 2019. PDF oficial.
- Rabbinical Assembly. “Committee on Jewish Law and Standards.” Descripción institucional.
- Barna Group. “Three Takeaways on How Pastors Can Use AI.” 22 February 2024. Artículo de investigación.
- Barna Group. “New Research: Pastors Are Using AI More Than You Think.” 15 June 2026; reports data from a December 2025 survey of U.S. Protestant pastors. Artículo de investigación.